‘A LA CHILENA’: VICENTE BIANCHI, LA GESTA DE UNA MISA LATINOAMERICANA “DE TODOS” Y EL RENACER DE SU MANUSCRITO

 Ensamble Santiago de Chile en Temppeliaukio durante el concierto ‘Vicente Bianchi a través del tiempo’ en Helsinki, 13 de octubre de 2018. Foto: Robinson Olivares

Por  Camilo Pajuelo Valdez

Este artículo comparte algunas reflexiones sobre la reciente experiencia de publicación en Finlandia de la Misa a la chilena del compositor Vicente Bianchi Alarcón. Fruto de la cooperación entre la editorial Sulasol y la plataforma Trazosonoro, la edición combina tanto el interés musicológico como la aproximación práctica al material musical. Luego de explicar el contexto en que se generó dicha publicación, se ofrece aquí un desarrollo de parte del estudio introductorio que acompaña la partitura. Así, se presenta una reseña biográfica, subrayando el vínculo del compositor con el Perú, además de una síntesis sobre la gestación, difusión y significación histórica de la obra publicada.

De este modo, se desea estimular el interés del lector, primero, por el entorno vital del artista y, segundo, por la valoración de una de sus creaciones sacras más significativas. El referido estudio fue compartido anteriormente, aunque de forma parcial, en los programas de concierto del proyecto denominado ‘Misas Criollas’. Por otro lado, se emplearon fuentes bibliográficas, entrevistas y otros recursos electrónicos disponibles en Internet.

CONTEXTO Y GÉNESIS DE UNA PUBLICACIÓN

En el interior de la iglesia Temppeliaukio se experimenta una especial sensación de recogimiento. Muy distinto a lo que ocurre en las monumentales catedrales, que nos tornan en seres diminutos. Allí, en cambio, es como si el ser humano se hermanara otra vez con la naturaleza. Su moderna arquitectura brutalista combina tiempos antiguos y presentes. Se compone de piedra no pulida, de madera, de una iluminación natural que generosamente rodea el recinto y sostiene un alucinante techo cobrizo que se dibuja en espiral, generando un curioso efecto de elevación. Cuando uno repasa con la mirada esos muros pétreos, sobrecoge aún más imaginar la difícil empresa que encararon sus visionarios creadores, los arquitectos hermanos Timo y Tuomo Suomalainen, cuyo apellido significa “finlandés”. Temppeliaukio se pierde en el paisaje urbano de Helsinki porque fue construida –adrede– excavando la tierra, buscando el calor en el vientre de su terreno rocoso. Este templo luterano invita a recordar aquella “gota constante que horada la piedra” de Ovidio.[1]

La Iglesia de la Roca, como suele llamársele también, no solo es hoy un patrimonio arquitectónico y religioso emblemático de Finlandia. Además, debido a sus cualidades acústicas, suele albergar una intensa y permanente actividad musical. Allí, el 13 de septiembre de 2018, tuvo lugar el concierto ‘Vicente Bianchi a través del tiempo’, donde se logró reunir una treintena de músicos de distintas nacionalidades para celebrar –aún en vida– la obra del laureado compositor chileno. Entre ellos, participó el Ensamble Santiago de Chile, varios de cuyos integrantes habían acompañado al maestro en distintas ocasiones durante su prolongada trayectoria artística.

Con todo, ésta no fue la primera vez que la música de Bianchi se escuchaba en la histórica iglesia finlandesa. Entre los años 2014 y 2017, se desarrolló el proyecto ‘Misas Criollas’, concebido para difundir la diversidad de misas folklóricas y populares latinoamericanas en la escena nórdica. Realizado por Sininen Tuli, equipo artístico y de producción que formé con la cantante Sanna Mansikkaniemi en el año 2013, ‘Misas Criollas’ involucró un número significativo de músicos, entre cantantes e instrumentistas, presentándose en distintas ciudades de Finlandia. En este contexto, se estrenaron en el país la Misa peruana criolla de bodas de Chabuca Granda –obra que cumple ahora 50 años de creación–,[2] la Misa campesina nicaragüense de Carlos Mejía Godoy, además de dos obras de Vicente Bianchi: la Misa a la chilena y la Misa de la Cruz del Sur. La producción de Bianchi gozó de una especial recepción: la Misa a la chilena se estrenó el 30 de octubre de 2015 y, desde entonces, formó parte de la programación anual del proyecto. Por otro lado, la Misa de la Cruz del Sur se estrenó el 29 de octubre de 2016, en una edición dedicada íntegramente a la obra de Bianchi. Ambos estrenos ocurrieron en la iglesia Temppeliaukio que se convertía así en un escenario habitual de estas creaciones.

En este contexto, en el año 2016, inicié las gestiones para publicar la partitura de la Misa a la chilena, cuyo manuscrito había permanecido inédito durante más de medio siglo. Varios años atrás, el musicólogo Álvaro Menanteau me había ya referido la existencia de la Misa a la chilena. Además, en primera instancia, fue quien facilitó la primera comunicación con el maestro Bianchi. Luego de confirmar su interés en publicar la obra, me puse en contacto con la editorial finlandesa Sulasol. Así, se me pidió actuar en su representación para este proyecto de publicación, haciéndome cargo de las sucesivas revisiones de pruebas, la redacción de los textos, entre otras tareas. La revisión de las partituras se llevó a cabo en coordinación permanente con el compositor, gracias a la fundamental ayuda de Sergio Tapia Sandoval, su productor, representante y asistente personal, quien facilitó la comunicación. De esta forma, durante un paciente y esmerado periodo de trabajo a distancia, se tomaron distintas decisiones para modificar algunos contenidos del manuscrito, corrigiéndolo en los casos necesarios y añadiendo las especificaciones que se consideraron útiles para facilitar la interpretación musical.

No es posible aquí realizar un recuento detallado del proceso de edición y publicación. Esta labor sería pertinente en una edición crítica de la partitura que podría realizarse en el futuro. Con todo, se debe reconocer el trabajo cuidadoso que realizó el maestro en la revisión de su obra, respondiendo diligentemente cada una de las consultas que le fueron transmitidas. Aunque no llegué a conocer a Vicente Bianchi en persona, es gratificante haber contribuido con la divulgación de su obra desde un país tan lejano como ávido por el arte. Este tiempo de cooperación me mostró una persona con un gran oficio y un especial amor por la música.

VICENTE BIANCHI ALARCÓN

Músico chileno, pianista, compositor, arreglista, director de coro y orquesta, nació en Santiago el 27 de enero de 1920. Comienza su formación musical a la edad de seis años. En 1931, ingresa al Conservatorio Nacional de Música de la Universidad de Chile donde realiza estudios de piano, teoría, armonía y contrapunto. Posteriormente, estudia dirección orquestal bajo la tutela del maestro alemán Teodoro Fuchs y culmina sus estudios musicales en el Instituto Secundario de Bellas Artes de la Universidad de Chile.

Desde 1930, inicia una larga trayectoria vinculada al ámbito de la radiodifusión tanto en su país como en Argentina y Perú. En dicho espacio, conformó y dirigió variados elencos, alternando con renombrados artistas latinoamericanos y europeos. Junto a esta intensa actividad, desarrolla un fecundo trabajo creativo, arreglando y componiendo música tanto para solistas como para agrupaciones folklóricas, corales y orquestales. Este repertorio conforma un catálogo de más de ciento cincuenta piezas vocales e instrumentales en géneros clásicos, religiosos y populares;[3] además, cuenta con una vasta discografía.

Hay que destacar la especial relación que Vicente Bianchi mantuvo con el Perú. En efecto, no son pocas las referencias a este país en la vida y obra del compositor. Según manifiesta, llegó a Lima en 1950 para cumplir un periodo corto de trabajo en la recién inaugurada radio El Sol.[4] Luego, el contrato fue ampliado y es nombrado director musical de la emisora radial, prolongando su estadía hasta inicios de 1955. En este periodo, conoció a personalidades claves de la escena musical peruana tales como Rosa Mercedes Ayarza de Morales, su hijo Alejandro Ayarza de Morales “Karamanduka”, y también a la compositora Chabuca Granda, entre otras. Además, exploró los géneros musicales populares peruanos, arreglando y orquestando un buen número de obras tradicionales y de otros creadores peruanos tales como Filomeno Ormeño, Felipe Pinglo, Jorge Bravo Rueda, Carlos Valderrama, Ernesto López Mindreau, por citar algunos.[5] También, compuso música al estilo peruano como, por ejemplo, los valses Peruanita bonita y Mi vals, con textos de Juan Rivero y Elena Toledo Crovetto respectivamente. Cabe añadir que durante su estadía en el Perú, también nació el interés por la musicalización de los poemas de Pablo Neruda. Incluso, alguna de estas obras recoge influencias del vals criollo peruano como, por ejemplo, el caso de La noche de Chillán.

En suma, las creaciones de Vicente Bianchi son fruto de una constante motivación por el estudio y difusión del folklore latinoamericano. Entre ellas, cabe destacar la orquestación de la comedia musical La pérgola de las flores con texto de Isidora Aguirre; también, la célebre serie Música para la historia de Chile que compuso junto con el poeta Pablo Neruda y en la que se incluye la trilogía épica formada por Tonadas de Manuel Rodríguez, Romance de los Carrera y Canto a Bernardo O’Higgins. Además, realizó musicalizaciones de otros textos del premio nobel, entre ellos, una selección de Cien sonetos de amor, Poema 15 de Veinte poemas de amor, y también La noche de Chillán, vals referido anteriormente. Otro aspecto notable de su obra son sus creaciones de música sacra. Vicente Bianchi es uno de los compositores pioneros de misas inspiradas en el folklore latinoamericano. Así, compuso la Misa a la chilena, motivo del presente estudio, la Misa del Huaso y la Misa de la Cruz del Sur. Estas obras se basan en géneros musicales representativos de Chile y Latinoamérica respectivamente.

A lo largo de su carrera, el maestro Vicente Bianchi ha recibido numerosos premios e importantes distinciones nacionales e internacionales. En 2016, le fue concedido el Premio Nacional de las Artes Musicales, la máxima distinción que se otorga en Chile a la creación musical. Vicente Bianchi falleció en Santiago de Chile, el 24 de setiembre de 2018, a la edad de 98 años.

 

MISA A LA CHILENA

En 1964, Vicente Bianchi compuso la Misa a la chilena, obra sacra inspirada en géneros y estilos folklóricos de su patria. Junto con la famosa Misa criolla del argentino Ariel Ramírez, constituyen las dos obras pioneras en su género en Latinoamérica como resultado de las reformas litúrgicas establecidas en el Concilio Vaticano II (celebrado entre 1962 y 1965). La Misa a la chilena fue estrenada en 1965, durante una ceremonia eucarística presidida por el Cardenal Arzobispo de Santiago Silva Henríquez, en la Capilla Santa Adela de Maipú. La obra enfrentó al inicio cierta resistencia de sectores conservadores que consideraban indebido el empleo del idioma castellano, guitarras y ritmos paganos –tales como la cueca– en la liturgia. No obstante, algunas de sus secciones se difundieron rápidamente como composiciones habituales para la celebración de la misa dominical en localidades de todo el país, constituyéndose pronto en parte del patrimonio religioso chileno. Así, la obra fue interpretada por numerosas agrupaciones corales nacionales y extranjeras, gozando de una creciente popularidad no solo en ceremonias eclesiásticas sino también en programas de radio y televisión.

El mismo año de su estreno se produjo un disco de vinilo, bajo los sellos Odeón y EMI, con la participación del coro Chile Canta dirigido por el propio compositor. En esta grabación se incluyeron las cinco secciones del Ordinario de la Misa y un canto de salida: Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei y Aleluya. Posteriormente, debido a la acogida que alcanzó esta obra y a su interpretación cada vez más frecuente en las celebraciones litúrgicas, el compositor añadió cuatro secciones de los Propios de la Misa: Canto de entrada, Ofertorio, Padre Nuestro y María de mi pueblo, esta última con textos de Rubén Campos Aragón.[6] De esta manera, queda definida la estructura de la obra en diez secciones inspiradas en géneros musicales y estilos representativos de distintas regiones de Chile tales como la tonada (empleada en cuatro secciones de la obra), el estilo araucano, la refalosa, la sirilla, el trote nortino y la cueca.

Respecto a la poética de su misa, Bianchi declara: “no es propiamente una obra folklórica, sino de música popular contemporánea, sencilla. No tiene mayor elaboración puesto que mi intención era que el pueblo la cantase”.[7] Por tanto, de modo ex profeso, evitó emplear texturas polifónicas, armonías complejas u otras elaboraciones que pudieran complicar su interpretación. En otro escenario, esta declaración de intención se asemeja al entusiasmo con que Pablo Neruda escuchó las primeras musicalizaciones de su obra por parte de Vicente Bianchi. No era para menos. El poeta veía cumplido su anhelo de acercar su poesía al pueblo, a través de la canción.

En opinión del musicólogo Alfonso Padilla, la Misa criolla de Ariel Ramírez representa un claro ejemplo de lo que Carlos Vega categorizó como mesomúsica o “la música de todos”. Es decir, se trata de un tipo de música que comparte elementos de la música folklórica, popular y también de la académica. Por ende, lo mismo puede afirmarse de la Misa a la chilena, que se incluye en el género que podemos aquí denominar misas criollas (en alusión plural a la composición pionera de Ramírez). El estudio sistemático y extensivo de este tipo de repertorio es todavía una tarea pendiente. Las expresiones de mesomúsica pueden arrojar luces no solo para una mejor comprensión de la entidad estética sino también de nuestra compleja realidad multicultural, sus influencias y transformaciones.

El proyecto editorial de la Misa a la chilena no estuvo exento de dificultades que prolongaron su finalización. Lamentablemente, Vicente Bianchi no pudo ver concretada la publicación de su obra, lo cual ocurrió apenas unos meses después de su partida. Expreso mi gratitud al maestro por facilitarnos el manuscrito y por su total disposición durante el trabajo de edición, también a los colegas músicos e investigadores que apoyaron de distintos modos la culminación de este proyecto. Este esfuerzo no solo refleja el compromiso de los editores para la necesaria tarea de difundir este tipo de repertorio sino, especialmente, procura honrar la memoria, el trabajo y constancia de uno de los más destacados creadores latinoamericanos de nuestro tiempo.

FUENTES

Bianchi Alarcón, Vicente 2012. Entrevista realizada por Miguel Davagnino y Carmen

Barros para el programa Acordes Mayores en radio Cooperativa.

https://www.youtube.com/watch?v=vH9-zJySdGs&list=RDvH9-zJySdGs&start_radio=1&t=6 [09.04.2018].

Biblioteca Nacional de Chile. “Vicente Bianchi Alarcón”. En: Memoria Chilena.

www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100816.html#presentación [08.04.2019].

Garrido Letelier, Julio 2017. “Catálogo selectivo de las obras musicales de Vicente

Bianchi Alarcón”. Revista Musical Chilena 71/228: 49–68.

Guerra Rojas, Cristián 2017. “Las obras musicales religiosas de Vicente Bianchi

Alarcón”. Revista Musical Chilena 71/228: 29–48.

Menanteau Aravena, Álvaro 2017. “Vicente Bianchi Alarcón, una biografía

musical y las implicancias de haber obtenido el Premio Nacional de Artes Musicales 2016”. Revista Musical Chilena 71/228: 11–28.

Padilla, Alfonso 2000. Opa Opa, Siku ja Samba. Latinalaisen Amerikan kansan-

musiikki lauluin ja sävelin. Helsinki: Love Kustannus Oy.

Pajuelo Valdez, Camilo 2018. “‘A la chilena’: Vicente Bianchi y la forja de una misa

popular lationamericana. Estudio introductorio ”. En: Misa a la chilena. Helsinki: Sulasol y Trazosonoro.

Salas Viu, Vicente 1965. “Aplicación del folklore a la música religiosa (Foro)”. Revista

Musical Chilena 19/94: 96–102.

Sociedad Chilena del Derecho de Autor. “Vicente Bianchi. Biografía”.

www.vicentebianchi.scd.cl [08.04.2019].

Vega, Carlos 1997 [1966]. “Mesomúsica. Un ensayo sobre la música de todos”.

Revista musical chilena 188: 75–96.

[1] Varias de estas reflexiones se basan en una comunicación personal con mi amigo Juan-Luis Moreno, intérprete y maestro con quien desarrollamos distintos proyectos culturales en Finlandia.

[2] La versión que se interpretó entonces tomó como referencia dos fuentes: el arreglo coral realizado por Fernando Panizo y la grabación de esta obra con los arreglos de Julio Caipo.

[3] Este dato genérico sobre el número de obras aparece en los sitios electrónicos de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) y la Biblioteca Nacional de Chile. Por otro lado, Julio Garrido (2017) ha consignado un catálogo con un total de 123 obras.

[4] La emisora perteneció al grupo El Comercio y funcionó en el Edificio Radio El Sol (ubicado en el Cercado de Lima), que fue diseñado por el arquitecto Luis Miró Quesada Garland.

[5] Álvaro Menanteau (2017) refiere que, durante este periodo, estos arreglos orquestales fueron también grabados para el sello RCA Víctor en Lima.

[6] Cristián Guerra (2017) explica que las tres primeras forman parte de La misa del Huaso, compuesta en 1967, y que fueron luego incorporadas a la Misa a la chilena. Lo mismo ocurrió con la última sección, canto de comunión compuesto en 1970.

[7] Véase Vicente Salas (1965).

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