ARTÍCULO: EN RECUERDO DE LUCHA NEGRI

(Por Pilar Zúñiga) Ex Directora de PAMEC de la Universidad Nacional de Música. Profesora de la Especialidad de Música de la Pontificia Universidad Católica del Perú.- 

Cien años hace que vino al mundo para poblarlo con su arte, su personalidad arrolladora y su gran amor por la formación académica de pianistas. Cuánto tiene el Perú que agradecerle. Si no hubiera existido, no tendríamos hoy toda una generación de músicos que ha seguido su legado y que lleva en el corazón sus enseñanzas como el tesoro más preciado.

El 30 de agosto de 1919 vio la luz la privilegiada pianista y Maestra Emérita del Conservatorio Nacional de Música, Luisa Olga Negri Schuldreich. Su madre, nacida en Francia, de origen austríaco fue una delicada pianista que llenaba de música las noches de tertulia familiar de los siete hijos. Su padre, Roberto Negri Di Lorenzo, reconocido escultor italiano, vino contratado a América y dejó obras de gran valor en diversos países: una de las más importantes, el monumento al héroe Bernardo O’Higgins en Chillán, Chile.

Nacida en Santiago de Chile en una familia en cuyo ambiente se respiraba el arte, compartió con sus hermanos el aprendizaje temprano de la música. Destacaron los hermanos Armando, en el estudio del violoncello y “Luchita”, la hermana menor, en el piano. Los dos ingresaron al Conservatorio de Santiago de Chile. Aquí se iniciaría la carrera de esta maravillosa mujer quien estudiara los cursos de piano con la pianista alemana Elena Blin, y los cursos de Teoría y Solfeo con Flora Guerra; hasta que a la edad de diez años su familia se trasladara al Perú por un contrato que el estado peruano extendiera a su padre.

Se afincaron en el distrito de Miraflores. Ella continuó sus estudios en el Colegio Alemán (hoy Colegio Humboldt), como lo hiciera en Chile. Sus padres buscaron un lugar para el desarrollo de las inquietudes artísticas de “Luchita“, quien luego de riguroso examen en la Academia Nacional de Música Alzedo (hoy Universidad Nacional de Música), ingresó a proseguir su formación musical. Inés Pauta Vantosse fue su maestra en la especialidad de Piano; en los cursos de Teoría y Solfeo, Enrique Fava Ninci; en los cursos de Armonía, Monseñor Pablo Chávez Aguilar; en los cursos de Historia de la Música e Historia del Arte, Cesar Arróspide de la Flor; en la dirección de la Masa Coral, el entrañable maestro, Carlos Sánchez Málaga.

Anualmente presentaba su maestra, Inés Pauta, un recital con sus mejores alumnos. Ella quedaba siempre como el “broche de oro”. Con el reconocimiento académico de sus maestros y de su alma mater, se graduó con honores como Solista de Piano, carrera que se completa en catorce largos años de estudio.

Luisa Negri era pianista obligada en las mejores salas de Lima e invitada a participar en recitales en otras ciudades, como Trujillo y Arequipa. La Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Theo Buchwald en su mejor momento, la contó siempre entre sus solistas, distinguiéndose de manera especial su técnica, que denotaba un estudio esmerado y una facilidad para enfrentar los estilos de las diversas obras a cabalidad. Interpretó,  al lado de Inés Pauta, María Ureta y Augusta Palacio, el Concierto para Cuatro Pianos de J. S. Bach; así como el de tres pianos, con su profesora Inés Pauta y Augusta Palacio. Sus programas solísticos incluían “El Carnaval” op. 9 de Schumann, la Balada Nº 3 en La bemol mayor Op. 47 de Chopin, el Concierto Italiano en Fa BWV 971 de Bach,  el Soneto 123 de Petrarca, de la segunda suite “Años de peregrinaje” de Liszt y muchas obras más de las que no han quedado grabaciones, pero sí muchas elogiosas críticas en las revistas y periódicos de la época. Sorprendía su conocimiento de los estilos, su apasionado temperamento y su predilección por las obras de largo aliento, siendo Schumann, Liszt, Schubert, Beethoven, sus favoritos hasta el final. Se presentó en innumerables ocasiones en la sala Entre Nous, en la Sociedad Filarmónica, en el Teatro Municipal, el Teatro Segura, en las actuaciones oficiales que realizaban a fin de año las escuelas en su conjunto; y en cuanto evento de obra social en el que fuere necesario su concurso.

Claudio Arrau, el pianista del siglo XX, muy amigo de la familia y ligado a ésta por haber compartido la bohemia artística con los Negri en Santiago, entusiasmado por el talento que encontró en Luisa Negri, se convirtió en su Maestro de Perfeccionamiento. Era ésta la secreta razón de los avances de Lucha. La cercanía al “pianista del siglo” fue más que aprovechada por la bisoña ejecutante, y sus enseñanzas dejaron imborrable huella en su “pulsación”, así como en su modo de “transmitir lo asimilado”. Atesoró Lucha esos conocimientos que entregó generosamente a quienes ella consideró los pondrían en práctica. El Maestro Arrau advirtió a la familia de la necesidad de promisorios estudios en Alemania. El padre, italiano antiguo, aceptó la posibilidad sólo si Lucha viajaba con su madre, hecho que no pudo concretarse, puesto que ella tenía ya una familia grande que atender.

La vida sorprendería a Lucha Negri con otras oportunidades. No tardó en llegar una oferta de parte del maestro Carlos Sánchez Málaga, Director del Conservatorio Nacional de Música en ese momento, para que cubriera una licencia de maestra de piano. El plazo se fue extendiendo de uno, a nueve meses, hasta culminar el año académico. Esta, aparentemente, corta experiencia sacó a relucir una escondida y aún para ella misma desconocida veta: su vocación de maestra, que ejerció hasta sus últimos días.

La maestra Lucha Negri trabajó ininterrumpidamente treinta y cinco años en el Conservatorio Nacional de Música, ocupando los cargos de Profesora Principal de la especialidad de Piano, Jefa del Departamento de Teclados en diversos períodos académicos, Maestra del curso de Música de Cámara  para los alumnos del nivel superior, Profesora de Repertorio para pianistas que preparaban sus exámenes de grado y concluyó su gestión como Directora de Proyección Social de su alma mater. Recibió en vida las Palmas Magisteriales en grado de Amauta a nombre de la nación, la Medalla de la Cultura otorgada por el Instituto Nacional de Cultura, los Laureles Artísticos otorgados por el Ministerio de Educación, entre otras distinciones.

Un breve recuento de sus graduados nos dará una idea de la herencia que ha dejado Luisa Negri como Maestra de maestros.

Rosa Basurco (+), Carlota Bravo,  Lidya Hung, María Julia la Rosa, Ana Toguchi y Pilar Zúñiga (quien estas líneas escribe), las cuales han formado  generaciones de artistas en el Perú, principalmente a través del Conservatorio Nacional de Música y la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Consuelo Arriarán, Jeanette Guerrero,  Rosa La Rosa, Rosa Madalengoitia, María del Carmen Montes, Raquel Proutsky, Margarita Winkler (+), desde su labor en escuelas privadas de alta exigencia artístico musical.

Alicia Arce Conrad (Alemania), Myriam Ávalos (USA), Gloria Flórez (USA), Gustavo La Cruz (Alemania), Marvi Manrique (Alemania), Frank Temoche (España),  pianistas principalmente y maestros académicos muy destacados en el extranjero.

No siguieron los estudios completos para graduarse; pero estudiaron los fundamentos de las habilidades pianísticas con Lucha, entre muchos otros, José Luis Madueño y Ania Paz, quienes se dedican al piano popular con una técnica singular.

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